Aníbal Sánchez, así se lo recuerda

Sebastián Uranga, Horacio Pacheco, Santiago Vesco, Horacio Seguí, Sergio Benedetich y Julián Stoppello y el recuerdo del gran ídolo del básquet de Echagüe.

Aquel 1990 fue un trágico comienzo de año cuando los medios daban a conocer una noticia que sacudió a todos, que fue tan sorprendente como impactante. Ese día, Aníbal Sánchez viajaba a Bahía Banca para sumarse a la pretemporada de Olimpo de Bahía Blanca.

Su muerte ocurrió cuando tenía tan solo 27 años. Por aquel entonces, ya había contraído matrimonio con Patricia Alejandra Cipriani, con quien tuvo dos hijas, María Florencia y María Agustina.

Aníbal Sánchez fue, es y será el símbolo de Echagüe. El eterno ídolo. A 32 años de aquel episodio así se lo recuerda.

*Horacio Pacheco (Compañero en Echagüe): “Aníbal significó el camino a seguir. Fue el gran referente. Nos enseñó a que se podía llegar al objetivo con sacrificio y mucho esfuerzo. A que no alcanza con solo jugar bien, sino que hay que perfeccionarse, entrenar y sacrificarse. Si Aníbal tenía que tirar 500 tiros para mejorar, él tiraba 600 tiros. Entrenaba las 2 horas con el equipo y después se quedaba solo una hora más. Fue el jugador a seguir para muchas camadas. Su fallecimiento fue durísimo. De no creer. No caer en lo que había pasado. Llorábamos todos. Todos. Con Aníbal había estado unas horas antes de viajar a Bahía Banca para empezar a entrenar. Me confesó que no tenía muchas ganas de irse, que quería pegar la vuelta y jugar en Paraná. No la había pasado bien el primer año en Olimpo y sentía mucha presión. Quería volver a Echagüe porque era jugar en su casa. Fue muy fuerte su partida”.

*Horacio Seguí (Entrenador en Echagüe): «Lo quise y lo quiero mucho. Tuve una relación de mucho cariño con él y su familia. Fue un vínculo muy fuerte, mucho más allá del que tiene un entrenador y jugador. Una persona que yo confiaba plenamente, en todo sentido. Aníbal fue un lujo para mí. Él privilegió su amistad conmigo y eso lo tuve siempre presente. Ha sido un honor y un orgullo haberlo dirigido. Lamento muchísimo la forma en como falleció. Muy doloroso. Siempre lo tengo presente y tengo muchas fotos de él. Fue un líder natural. Por su trabajo, por su injerencia en la cancha, por su cercanía con sus compañeros, por no tener egoísmo. Fue un gran jugador y una enorme persona. Con Aníbal, todo de 10 para arriba».

*Sergio Benedetich (Amigo y compañero en Echagüe): “Para mí fue mi hermano. No fue de sangre, pero fue mi hermano por elección. Fue una amistad muy fuerte, muy intensa. Nos conocimos allá por el ‘80 y al muy poco tiempo compartimos todo, todo. Fue una comunión muy linda la que vivimos los dos que se vio reflejada en la cancha de básquet. Fue vivir conectados las 24 horas a pesar de que no había internet, ni WhatsApp ni celulares. Era estar todo el día juntos. Compartir las mismas cosas, los mismos sueños, los mismos desafíos. En el básquet, Aníbal te empujaba a ser cada vez mejorar, a entrenar, a aprovechar el tiempo para mejorar.  Todo eso fue Aníbal. Hubo enojos, peleas y muchas risas. Era jugar uno contra uno y jugar hasta casi agarrarnos a las piñas porque ninguno quería perder. Aníbal fue el mejor deportista de la provincia en la historia. Él marcó el cambio de mentalidad. Empezamos a entrenar y ser mejores a partir de Aníbal. El básquet de Entre Ríos hubo un cambio a partir de Aníbal. Nos hizo entender que podíamos estar a la altura de los mejores, pero desde el trabajo y el sacrificio. Cada 3 de enero es fuerte. Se me fue mi hermano. Algún día me reuniré con él y recordaremos todo lo vivido”.

*Julián Stoppello (Escritor del Libro “Aníbal Sánchez, el diez entrerriano”): “El recuerdo de Aníbal, mi recuerdo al menos, perdura con la potencia de dos emociones encontradas: la de haber encontrado al mejor maestro que nunca pude tener, pero que admiré profundamente al punto de llenar un espacio en mi pieza con las imágenes de él que recortaba de diarios y revistas. Al mismo tiempo me trae su recuerdo, la primerísima idea, la desgarradora idea de saber que la gente, toda la gente, pero mucho peor, la gente que quiero, puede un día morir y por accidente. Una noción de la fatalidad.

Cuando digo maestro quiero decir, en realidad, ejemplo. Aníbal era la visión de lo que todos queríamos ser y él, además, conocía a la fórmula: subir escaleras con chalecos de arena, levantar pesas con latas de membrillos cargadas de cemento, tirar 500 tiros por día y no perder jamás, ni en la final más agónica y sufrida, su estampa de distinguido caballero del deporte. Su impecable elegancia.

Se todas sus fechas conmemorativas, lo recuerdo en cada una de ellas y lo nombro como parte central de esa películas perdida que es la infancia. Hay pocas cosas que alivian tanto y dan tanto impulso como tener un referente y una obra por imitar. No importa si después sale pato o gallareta, lo que importa, verdaderamente, es la inspiración. Lo que movilizó en nosotros esa figura, lo que movilizó Aníbal, para que intentemos, todos los días, ser un poco mejores, aunque nos cueste 500 tiros, correr con chalecos de arena o hacer un esfuerzo más bajo el sol impiadoso de enero”.

*Santiago Vesco (Amigo y compañero en Echagüe): «Cada vez que pienso en Aníbal o se acerca la fecha del fallecimiento se me aparecen 3 imágenes claves para mí. La primera es entrar al club Echagüe y verlo a Aníbal entrenando en la cancha vieja. Entrenaba de manera diferente al resto. Lo veo tirando al aro y haciendo tribunas con el chaleco de arena. Esa imagen se me aparece siempre. La otra es jugando con la camiseta negra de Echagüe con las tres franjas azules, que eran raras para la época. La de Echagüe era la camiseta azul con franjas negras. Y la tercera es en San Nicolás cuando estábamos con Echagüe en un torneo y nos avisan que Aníbal había fallecido. Me emociona mucho hablar de Aníbal».

*Sebastián Uranga (Compañero en la selección Entre Ríos): “Aníbal fue el jugador más importante del básquet entrerriano. Sin lugar a dudas. El triple del Argentino del ´89 lo hizo más grande y su fallecimiento lo convirtió en mito. Aníbal era jugador de selección. No sé si por mucho tiempo porque su puesto era muy complicado para sostenerte, pero la selección ya se le venía, era su tiempo. Ese año, al año siguiente, pero su convocatoria era fija. Aníbal podía jugar de doble función, base y escolta. Era criterioso y su esfuerzo y dedicación para mejorar y reciclarse permanentemente lo llevó a crecer. Era un escolta terrible, un jugadorazo”.