Argentina fuera del Mundial: Parecía un trámite, fue una frustración
La derrota con República Dominicana es la punta del ovillo de un básquet argentino que está mal hace tiempo, aunque maquillado por los resultados de su selección. Fabián Borro y la CABB quedaron en el centro de la tormenta. Pablo Prigioni no estuvo a la altura y los jugadores sumaron culpas.
Cuesta creer lo que sucedió en Mar del Plata, cuesta entender como Argentina perdió con República Dominicana y cuesta asimilar que nuestra selección no estará en el próximo Mundial.
El básquet acaba de recibir un cachetazo muy fuerte, un cimbronazo que tendrá duras consecuencias. Se trata de la frustración más grande de los últimos 40 años. Lejos, el dolor de ver como una generación de muy buenos jugadores no será parte de la copa del Mundo y que Argentina, último subcampeón Mundial, no está entre los 32 seleccionados que jugarán en Filipinas, Japón e Indonesia 2023.
De este lado del continente clasificaban siete equipos al Mundial. Argentina finalizó en el octavo puesto. Se pensaba que iba a ser un mero trámite. Terminó siendo un dolor de cabezas inaguantable.
La selección jugó estas Eliminatorias con muchos problemas. No siempre contó con los mejores jugadores. Cada ventana mostró equipos diferentes. Tuvo cambio de entrenador con la salida dramática de Néstor García por cuestiones personales y el debut de Pablo Prigioni, así llegó a las fechas decisivas asfixiado por los resultados.
Este proceso tuvo un andar muy desprolijo y un paso tambaleante. Un par de acciones mágicas de Facundo Campazzo, la versatilidad de Gabriel Deck, las “bombas” de Nicolás Laprovíttola y algunos chispazos de Carlos Delfino fueron vendas para no ver la realidad, de un plantel que no fue equipo.
El domingo en Mar del Plata, Fabián Borro, presidente de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB), se llevó los más enérgicos reproches. Desde que finalizó el partido y se conoció la no clasificación las críticas cayeron sobre él con el peso riguroso de ser el dirigente con menor consenso del país.
Pablo Prigioni y los jugadores se retiraron con tibios aplausos, aunque ellos también tuvieron una porción de culpa. No poner la lupa en ellos cuando se ganaba por 17 unidades en el tercer cuarto y caer derrotados es tirar la pelota afuera.
Que Argentina no haya clasificado al Mundial no se limita a la derrota ante República Dominicana.
Este es el resultado que desnuda las enormes falencias que se padece desde hace años, las cuales estaban maquilladas con resultados o con jugadores que brillan en las mejores Ligas del Mundo y que se mueren por ponerse la camiseta de su país.
El básquet argentino hace mucho tiempo que está mal. Tiene una organización desprolija, con dirigentes que hacen mal su trabajo y con competencias débiles, deficitaria, para nada atractivas y sin un norte donde apuntar. Sucede así hace tiempo, lo sufre la Liga Federal, la Liga Argentina y la Liga Nacional.
Así como mal funciona la Asociación de Clubes que dirige Fabián Borro, también mal funciona la Confederación Argentina que también preside Fabián Borro.
Ahora hay que empezar de nuevo. El golpe fue muy fuerte. Las lágrimas de Facundo Campazzo en conferencia de Prensa, o el llanto de Patricio Garino que no le permitió hilvanar una frase en una entrevista por TV explican al dolor profundo de jugadores muy comprometidos con el seleccionado, pero que no pudieron evitar ser parte de una de las más grandes frustraciones de la historia.
LO PEOR. Fabián Borro y la dirigencia que lo acompaña hace tiempo que toman pésimas decisiones. Organizan una Liga Nacional que no le interesa a nadie, con canchas vacías y mala difusión.
Querer copiar los modelos de la NBA o del básquet europeo es una locura. Programar partidos durante la semana, o disputar encuentros un sábado o domingo a la mañana es uno de los tantos mamarrachos. De una vez por todas, el básquet argentino debería jugar viernes y domingo como ocurrió antes. El público no tiene ni idea cuando juga su equipo y el interés se pierde.
Después está la selección Argentina, con jugadores de primerísimo nivel que juegan por amor al país, por ese legado que le transmitió la Generación Dorada. La CABB no está a la altura desde hace tiempo: alojamientos en hoteles que no son para súper profesionales, vuelos retrasados y largas espera. No se puede pretender estar entre los mejores del mundo cuando la propia organización es de categoría de ascenso.
Tras el subcampeonato en el último Mundial y un paso sin mucha gloria por los últimos Juegos Olímpicos se decidió contratar a Néstor “Che” García, a quien tiempo después se despidió por problemas personales. Llegó Pablo Prgioni, una apuesta interesante que no dio sus frutos. Prigioni le erró al planteo y tampoco estuvo a la altura.
El domingo pasado, Argentina llegó a sacar 17 puntos a su rival. Ni Prigioni ni los jugadores lo supieron ganar. Argentina se pinchó de una manera increíble. Ni Facundo Campazzo, ni Gabriel Deck y tampoco Nicolás Laprovíttola como los referentes y figuras pudieron arreglar el problema. Argentina se vino abajo y ahí la responsabilidad también le compete a los jugadores. Las malas decisiones fuera de la cancha se pagaron caro dentro del escenario. Borro y compañía como principales responsables, cuerpo técnico y jugadores por no saber quedarse con la clasificación cuando la tenían en el bolsillo.
