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COLUMNA - NACIONAL ( 30/08/2019 08:47:38 a.m.)
Bienvenidos superclásicos (Por Walter Vargas)*

Puede convenirse que aludimos a fuerzas parejas, relativamente parejas, más o menos parejas, a despecho de que Boca disponga de mayor número de variantes y River asome como un equipo con más oficio, con otro porte, más acomodado a instancias mayores. Pero del mismo modo que River se siente a buenas con un tono similar al de la célebre final de Madrid, el Boca de hoy está más trabajado y más afianzado que aquel, el de Guillermo Barros Schelotto.

 

El día que un Superclásico, o dos, o los que fueren, sean motivos de preocupación, lamento y agorería, el fútbol argentino estará incluso peor de lo que ya está.

La consumación del pase de River en Asunción, sumada a la consumación del pase de Boca en la Bombonera, supone un escenario grato en la medida que expresa el buen nivel de dos equipos argentinos que ya constan entre los cuatro mejores de la competencia más importante de Sudamérica.

Más todavía si en el caso de River expresa una continuidad que nunca antes había alcanzado (ni siquiera de la mano de próceres de la talla de Ángel Labruna y Ramón Díaz) y en el caso de Boca la esperanzada persistencia de un club de los más acostumbrados al alzado de la Copa.

Con el añadido de que por imperio de las llaves y de la darwiniana pugna en la que sólo los que más fuertes se hacen a través de las dificultades, la primera final dirimida en un partido único presentará cara a cara a argentinos y brasileños.

Todo un morbo, dirían en España, toda un promesa de rompe-paga de Guinness, decimos por acá.

Por de pronto, ya sabemos que cualquiera de las combinaciones posibles alumbrará una tenida de inusitada expectación: Boca-Flamengo, o River-Gremio, River-Flamengo o Gremio-Boca.

Entretanto se ha metido como cuña el Superclásico del domingo, el de la Superliga, que aun cuando ofrece un interés en sí mismo y dejará entrever material valioso para los entrenadores en cuestión, trazos de especulación para el prisma periodístico y condimentos adicionales para las tertulias de café, no será vinculante ni por asomo.

La Superliga es la Superliga y la Copa es la Copa, tautología más robusta que nunca: lo hubiera sido en cualquier caso y lo es en particular porque salvo alguna excepción (por caso, el 6-1 de River a Racing) a los dos se los aprecia más sólidos en la competencia internacional que en la local.

En ese contexto puede convenirse que aludimos a fuerzas parejas, relativamente parejas, más o menos parejas, a despecho de que Boca disponga de mayor número de variantes y River asome como un equipo con más oficio, con otro porte, más acomodado a instancias mayores.

Pero del mismo modo que River se siente a buenas con un tono similar al de la célebre final de Madrid, el Boca de hoy está más trabajado y más afianzado que aquel, el de Guillermo Barros Schelotto.

En fin, no es ocioso subrayar que nos esperan jornadas de singular atractivo, lo cual debería ser tomado como el primer dato, como un dato positivo por encima de los tics paternales (la fantasía de proteger de un cierto desánimo a los hinchas del equipo que resultare perdedor) y los pronósticos lúgubres: los hechos de violencia tan temidos y demás.

*Walter Vargas - Columnista Telam

 
 
 
 
 
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